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Sobre la Reina Mab, fragmento de Romeo y Julieta -W. Shakespeare-

Mercucio.Ah, me doy cuenta que la Reina Mab,
		partera de las hadas, vino a verte.
		Es pequeñita como piedra de ágata
		que brilla en el meñique de un obispo,	
		tiran su coche atómicos caballos
		que la pasean sobre las narices
		de los que están durmiendo;
		rayos de luna hicieron los arneses
		y una arañita le tejió las bridas;
		es tan pequeño como un gusanito
		el cochero que guía la carroza,
		y trabajó una ardilla este carruaje
		en la concavidad de una avellana.
		Y así la Reina Mab y su cortejo
		galopa noche a noche por las almas
		de los enamorados, y los hace
		soñar con el amor… Sobre los dedos
		de los sastres su séquito galopa
		y éstos sueñan que pagan sus deudores;
		otras veces, cabalga en la nariz
		del cura y sueña el cura dormilón
		que sin duda muy pronto será obispo.
		¡Ésta es la Reina Mab! Es la que trenza
		en la noche la tuza del caballo
		y la que, cuando las muchachas duermen
		de espaldas, las oprime y les enseña
		por vez primera a soportar el peso
		que con el tiempo las hará mujeres…
Romeo.	¡Basta, Mercucio, basta! ¡No delires!
Mercurio. ¡Es verdad, es verdad, hablo de sueños
		que son los hijos de una mente ociosa,
		concebidos por vana fantasía,
		sustancia tan delgada como el aire,
		más inconstante que el cambiante viento!
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