El hombrecito que cantaba sin cesar
el hombrecito que bailaba en mi cabeza
el hombrecito de la juventud
rompió el cordón de su zapato
y todas als barracas de la fiesta
repentinamente se desmoronaron
y en el silencio de esa fiesta
es en desierto de esa fiesta
oí tu voz feliz
tu voz desgarrada y frágil
infantil y desolada
que venía de lejos y me llamaba
y me llevé la mano al corazón
donde se agitaban
ensangrentados
los siete trozos de espejo de tu risa estrellada.